Noche fría impregnada de soledad, noche triste y vacía
como el silencio de los muertos en libertad.
El fuerte viento carcomía la agonía de un alma asustada y
encarcelada en lo profundo de un desván.
No había llanto, ni oportunidad alguna para desahogar la
tristeza que inundaba y ahogaba lentamente su ser.
Culpas y reproches insulsos invadían su mente y
alimentaban poco a poco la soledad de su alma.
Bastaba un suspiro, un simple suspiro para poner fin a
esa vida desdichada y ausente que parecía una eternidad.
Un eterno castigo que se alimentaba de sus miedos, volviéndolo
prisionero de el valle de las penas.
Cual villano sanguinario que goza con el sufrimiento de
las almas de este mundo terrenal, divagaba aquella noche a la espera de alguna
puerta que lo dejara pasar.
Una puerta que en medio de la oscuridad con un simple suspiro
se lograba divisar, para poner fin a la eterna soledad.
Bastaba un suspiro, un suspiro en la oscuridad…
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