jueves, 20 de noviembre de 2014

Reflexiona...

HAZ EL BIEN Y NO MIRES A QUIEN

Seguramente has escuchado una y otra vez esa famosa oración “haz el bien y no mires a quien” que nuestros padres y abuelos en un sinfín de ocasiones nos han  dicho, pero a la que pocas veces le damos uso apropiado.

Primero que todo seamos sinceros con nosotros mismo y analicémosla. Sí, claro, dice que hagamos las cosas sin pensar a quien le estamos ayudando es decir hazlas de corazón y no juzgues. Más o menos algo así: si vamos a obsequiar o a dar algo, no pensemos si esa persona se lo merece o en que se lo va a gastar (utilizar), etc.

Pero, ¿Realmente lo hacemos de corazón? He aquí ese viejo y gran amigo llamado interrogante que hace de nuestra vida, un camino interesante.

Es rara la vez en que ayudamos o damos algo sin que se cruce por nuestra mente algo llamado duda o recorderi, en donde nos cuestionamos y re-analizamos si en algún momento de nuestra vida esa persona X nos ayudo igualmente o mucho mejor. Claro está, que esto no aplica a personas de la calle (desconocidos) que normalmente ayudamos porque nos conmueven sus historias o en su defecto porque la situación o contexto lo ameritó.

Somos seres humanos y como a todos, nos duele que las personas de nuestro entorno (amigos, familiares, compañeros, vecinos) nos den la espalda o en el peor de los casos nos den la famosa puñalada trapera, cuando somos “leales” y buenos con ellos.

Muchas veces es normal encontrarse con personas que sin más allá (motivo o circunstancia), cuestionan lo que haces y hasta en ocasiones hablan mal de ti o de tu familia, y en el momento menos esperado se acercan a ti a solicitar ayuda.    Ese momento, precisamente ese momento, es tan desesperante e irritante que no vez la hora de gritarle unas cuantas verdades y hacerle saber que es una persona cínica y descarada al venir a solicitarte un favor, después de haber hablado tanta basura. Pero no es así, rápidamente vuelve a tu mente esa frase que tanto poder tiene sobre nosotros y nos doblega: “haz el bien y no mires a quien”.

Sé que algunas personas no son partidarias de esa concepción, pero realmente son pocas las que logran tomar venganza en un momento así. Los seres humanos en la mayoría de los casos por no decir que siempre, actuamos por sentimientos nos dejamos llevar por lo que estamos observando y somos incapaces de ser ajenos al dolor de nuestros semejantes. Me estoy refiriendo a personas de buen corazón y criadas bajo los estándares de nobleza y amor por el prójimo.

No, nos vayamos tan adentro de la situación porque nos encontraríamos con personas que guardan resentimientos propios de la vida que les toco vivir (complicada) o problemas psicológicos.  

Por tal motivo, no busco cambiar tu forma de pensar sino que reflexiones sobre lo que estás haciendo, y la forma en que estamos sobrellevando tanta injusticia en nuestras sociedades. Injusticias que nos cegan y llenan de dolor día a día y nos vuelven “indolentes” al dolor ajeno.

Recordemos que de las buenas obras siempre se saca algo bueno, porque de una u otra forma nos permite marcar o dejar pensando a aquellas personas que en algún momento nos difamaron y nos dieron la espalda.

No existe golpe o enseñanza más grande que el perdón, este nos alienta y nos da el valor necesario para ser personas de gran corazón, y es nuestra arma para luchar  en contra de tanta frialdad/crueldad humana. Recuerda siempre: Haz el bien y no mires a quien.  


Leomanjafu

21/11/14 – 01:51 a.m.

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