HAZ
EL BIEN Y NO MIRES A QUIEN
Seguramente has escuchado
una y otra vez esa famosa oración “haz
el bien y no mires a quien” que nuestros padres y abuelos en un sinfín de ocasiones
nos han dicho, pero a la que pocas veces
le damos uso apropiado.
Primero que todo seamos
sinceros con nosotros mismo y analicémosla. Sí, claro, dice que hagamos las
cosas sin pensar a quien le estamos ayudando es decir hazlas de corazón y no juzgues.
Más o menos algo así: si vamos a obsequiar o a dar algo, no pensemos si esa
persona se lo merece o en que se lo va a gastar (utilizar), etc.
Pero, ¿Realmente lo hacemos
de corazón? He aquí ese viejo y gran amigo llamado interrogante que hace de nuestra vida, un camino interesante.
Es rara la vez en que ayudamos
o damos algo sin que se cruce por nuestra mente algo llamado duda o recorderi,
en donde nos cuestionamos y re-analizamos si en algún momento de nuestra vida
esa persona X nos ayudo igualmente o
mucho mejor. Claro está, que esto no aplica a personas de la calle
(desconocidos) que normalmente ayudamos porque nos conmueven sus historias o en
su defecto porque la situación o contexto lo ameritó.
Somos seres humanos y como a
todos, nos duele que las personas de nuestro entorno (amigos, familiares,
compañeros, vecinos) nos den la espalda o en el peor de los casos nos den la
famosa puñalada trapera, cuando somos “leales” y buenos con ellos.
Muchas veces es normal
encontrarse con personas que sin más allá (motivo o circunstancia), cuestionan
lo que haces y hasta en ocasiones hablan mal de ti o de tu familia, y en el
momento menos esperado se acercan a ti a solicitar ayuda. Ese momento, precisamente ese momento, es
tan desesperante e irritante que no vez la hora de gritarle unas cuantas
verdades y hacerle saber que es una persona cínica y descarada al venir a solicitarte
un favor, después de haber hablado tanta basura. Pero no es así, rápidamente vuelve
a tu mente esa frase que tanto poder tiene sobre nosotros y nos doblega: “haz el bien y no mires a quien”.
Sé que algunas personas no son
partidarias de esa concepción, pero realmente son pocas las que logran tomar
venganza en un momento así. Los seres humanos en la mayoría de los casos por no
decir que siempre, actuamos por sentimientos nos dejamos llevar por lo que
estamos observando y somos incapaces de ser ajenos al dolor de nuestros
semejantes. Me estoy refiriendo a personas de buen corazón y criadas bajo los estándares
de nobleza y amor por el prójimo.
No, nos vayamos tan adentro
de la situación porque nos encontraríamos con personas que guardan resentimientos
propios de la vida que les toco vivir (complicada) o problemas psicológicos.
Por tal motivo, no busco
cambiar tu forma de pensar sino que reflexiones sobre lo que estás haciendo, y
la forma en que estamos sobrellevando tanta injusticia en nuestras sociedades. Injusticias
que nos cegan y llenan de dolor día a día y nos vuelven “indolentes” al dolor
ajeno.
Recordemos que de las buenas
obras siempre se saca algo bueno, porque de una u otra forma nos permite marcar
o dejar pensando a aquellas personas que en algún momento nos difamaron y nos
dieron la espalda.
No existe golpe o enseñanza más
grande que el perdón, este nos alienta y nos da el valor necesario para ser personas
de gran corazón, y es nuestra arma para luchar
en contra de tanta frialdad/crueldad humana. Recuerda siempre: Haz el bien y no mires a quien.
Leomanjafu
21/11/14 – 01:51 a.m.
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